Otra vez me despertaron mis vecinos de abajo el sábado a las 9 de la mañana. Tenían una bronca a pleno pulmón. Pero ¡¿qué se puede estar discutiendo a esas horas?!, con lo bien que se está calentito en la cama, acurrucadito, aprovechando que no hay que llevar a las niñas al cole, ni nada. Cada vez que les oigo discutir intento poner atención al tema de debate, pero nada, no lo pillo, una palabra suelta por aquí de él, más adelante otra de ella... Ahora se oyen en el pasillo, ahora en el dormitorio...Ya sé que es de mala educación escuchar las conversaciones ajenas, pero si no, que no griten tanto, y el morbillo gana a la prudencia.
O si no, mi vecino de atrás. Es el que linda su salón con la cabecera de mi cama. Desde que vivo aquí tenemos la desdicha de escuchar su televisión a todo volumen cada vez que viene por la noche con el nivel de alcoholemia algo sobrepasado (mejor dicho, con más alcohol que suero en la sangre). Se ve que el hombre las coje de escándalo y cuando llega a su casa cae en coma etílico. La tele se puede llevar toda la noche encendida, y los únicos que la escuchamos somos los vecinos, el de arriba, el de abajo, y los de detrás, que somos nosotros. Aunque parece que está más formal últimamente, sólo pasa los sábados por la noche, y no todos. Los vecinos de su bloque habrán hecho un escrito a alcohólicos anónimos para que hagan el favor de reclutarlo en sus filas de socios, a ver si así se puede descansar en silencio, que no en paz, que para eso ya habrá tiempo...
¿Qué hago?¿me compro otra casa?, creo que mejor me compraré unos tapones para los oídos, que tal como está la cosa me va a salir más barato.
lunes, 1 de diciembre de 2008
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Empresa de mudanzas.

Hace ya 21 años que terminé mi diplomatura en enfermería (unos cuantos, pero no se me nota mucho), y nunca pensé que entre las asignaturas que estudie tenía que haber una en la que te enseñaran cómo poner 22 enfermos en 17 camas -con un sólo paciente en cada una- y que todos estuvieran correctamente atendidos en todo momento.
Así es como funciona el lugar donde trabajo. Por la mañana cuando llegamos hay 17 pacientes uno en cada cama (las diez de polivalentes y las siete de coronarias). Antes de irnos a las tres hemos sacado a los que se van de alta a la habitación de urgencias, que para lo que menos sirve es para las urgencias. Por la tarde empiezan los cambios: el que está en el 5 que pase al 7 para que el que está en el 2 pueda ir al 5 porque hay que dializarlo ¡URGENTE!. Otro que pase a una de las camas de coronarias que se ha quedado libre después de las altas, pues viene un quirófano que lleva esperando desde la mañana para ingresar. Después un traslado del hospital de Villamartín, y un ingreso de urgencias. Y luego a buscar cama en planta para alguno de los que esté mejor, porque hay que dejar alguna cama libre para la noche. Y en coronarias pasar a alguien al dúplex (la única habitación con dos camas de la UCI) para dejar otra libre.
En fín, que más que enfermeros de un hospital del SAS parecemos trabajadores de una empresa de mudanzas, cama pa'cá y cama pa'llá todo el día, con todos los "avíos" de cada habitación, claro, y sin celador, por supuesto.
Así es como funciona el lugar donde trabajo. Por la mañana cuando llegamos hay 17 pacientes uno en cada cama (las diez de polivalentes y las siete de coronarias). Antes de irnos a las tres hemos sacado a los que se van de alta a la habitación de urgencias, que para lo que menos sirve es para las urgencias. Por la tarde empiezan los cambios: el que está en el 5 que pase al 7 para que el que está en el 2 pueda ir al 5 porque hay que dializarlo ¡URGENTE!. Otro que pase a una de las camas de coronarias que se ha quedado libre después de las altas, pues viene un quirófano que lleva esperando desde la mañana para ingresar. Después un traslado del hospital de Villamartín, y un ingreso de urgencias. Y luego a buscar cama en planta para alguno de los que esté mejor, porque hay que dejar alguna cama libre para la noche. Y en coronarias pasar a alguien al dúplex (la única habitación con dos camas de la UCI) para dejar otra libre.
En fín, que más que enfermeros de un hospital del SAS parecemos trabajadores de una empresa de mudanzas, cama pa'cá y cama pa'llá todo el día, con todos los "avíos" de cada habitación, claro, y sin celador, por supuesto.
viernes, 11 de abril de 2008
Despedida de soltera
Que se case una compañera de trabajo da mucha alegría, sobre todo teniendo en cuenta que en la plantilla la mayoría no cumple más los 40, con algunas excepciones. Casi todas las celebraciones últimamente son comuniones, bodas de plata o bautizos ya de algún nieto (las que menos). Por eso que se nos case alguien es algo excepcional que hay que celebrar por todo lo alto, no ya el banquete, que de eso se encargarán los novios o los padrinos si tienen suerte, sino de la despedida de soltera. Con el ambiente que hay por la UCI y con las ganas de marcha que tenemos por muy cuarentones que seamos, la lista de los asistentes se está alargando cada vez más, y, cómo no, yo n
o me lo voy a perder!!! Porque dinero no habrá mucho, pero ganas de disfrutar todo lo posible no falta. Como se suele decir: mientras haya salud...hay que aprovechar todas las oportunidades de divertirse que vengan, que ya vendrán tiempos peores.
No recuerdo haber ido nunca a una despedida de soltera, pero lo que no se puede olvidar son la cantidad de despedidas de soltera -y soltero- que se ven en verano por los pubs y discotecas de mi ciudad. El verano pasado llegué a contar hasta seis despedidas en una noche de sábado por los sitios de movida del Puerto, cada una con su peculiar forma de celebrarlo. Una con todas las participantes con camisetas con alguna cita impresa por detrás, otras con pantalones vaqueros y sombrero de cawboy, y cómo no, no podía faltar el típico grupo de chicas con banda a lo Miss, o si no, con pasada del pelo con algo "colgando". La verdad es que visto desde fuera, o sea, del que no va celebrando nada, parece que van haciendo el ridículo, pero como en todo, lo importante es participar. Y si después de la comilona se va a un "boys", pues ya el remate de los tomates. Creo que no va ser el caso, aunque suenan campanas de que algo habrá, ya veremos mañana...
o me lo voy a perder!!! Porque dinero no habrá mucho, pero ganas de disfrutar todo lo posible no falta. Como se suele decir: mientras haya salud...hay que aprovechar todas las oportunidades de divertirse que vengan, que ya vendrán tiempos peores.No recuerdo haber ido nunca a una despedida de soltera, pero lo que no se puede olvidar son la cantidad de despedidas de soltera -y soltero- que se ven en verano por los pubs y discotecas de mi ciudad. El verano pasado llegué a contar hasta seis despedidas en una noche de sábado por los sitios de movida del Puerto, cada una con su peculiar forma de celebrarlo. Una con todas las participantes con camisetas con alguna cita impresa por detrás, otras con pantalones vaqueros y sombrero de cawboy, y cómo no, no podía faltar el típico grupo de chicas con banda a lo Miss, o si no, con pasada del pelo con algo "colgando". La verdad es que visto desde fuera, o sea, del que no va celebrando nada, parece que van haciendo el ridículo, pero como en todo, lo importante es participar. Y si después de la comilona se va a un "boys", pues ya el remate de los tomates. Creo que no va ser el caso, aunque suenan campanas de que algo habrá, ya veremos mañana...
lunes, 26 de noviembre de 2007
"Eau de cacqué"

Dicen que andar con mierda -perdonen la expresión- da buena suerte, que hay que comprar cupones o jugar a algo, que seguro que toca. No compré cupones ayer, pero estoy segura que si los hubiera comprado me habría tocado algo. Estuvimos buena parte de la noche con perfume "eau de caqué" pues a varios de los pacientes les dio por hacer sus necesidades todos a la vez. Es que cuando toca, toca. Cuando no era uno, era el de la cama de al lado, y todo el que entraba por las puertas de la Unidad venía diciendo lo mismo: "¿a quién se le ha ido el punto otra vez?".
Es una de las razones por las que te planteas lo del traslado a atención primaria, porque eso allí no pasa. Pasará que te lleves media mañana callejeando para hacer los avisos domiciliarios, tu consultita de crónicos, tus curas y poco más. Por eso cada día miro en la web del SAS para ver si sale la lista de los traslados, de hoy no pasa, pienso cada día, con la ilusión de leer: "Publicada en BOJA la lista provisional de traslados de enfermería 2007", pero nada, las cosas de palacio van despacio. Aunque por otro lado he de hacerme a la idea de que esta vez tampoco me va a tocar moverme de la UCI, soy antigua pero no lo suficientemente antigua como para dejar el hospital, eso queda para las viejas glorias, y yo no me considero vieja...
martes, 20 de noviembre de 2007
¡Esto no está pagao con ná!

Otra vez de noche, y de nuevo a pasar gran parte de las diez horas del turno levantándonos a apagar alarmas, las de los monitores, de las bombas de los sueros, y de todos los aparatos que pitan cada uno por una causa distinta, aparte de las veces que hay que entrar en la habitación de los pacientes para tomarle las constantes, poner el tratamiento y todo lo que haga falta.
Y mientras, en quirófano, se preparan las colchonetas para dormir, pues si no tienen ninguna urgencia, no tienen pacientes a los que atender, y, claro, para qué van a estar despiertos pudiendo dormir plácidamente. Hasta ahí de acuerdo. En lo que no estoy tan de acuerdo es que trabajando unos tanto (que salimos muchas veces que ni vemos del sueño que llevamos), y otros tan poco, a final de mes cobremos lo mismo. Deberíamos tener un contador de horas trabajadas, (es decir, de ojos abiertos), y de horas dormidas, y que al final de la noche las horas trabajadas pasaran a los encargados del pago de las nóminas. Claro que, dentro de la misma UCI, habría algunos que cobrarían muchísimo más que otros, pues hay quien se tira unas siestas de campeonato en casa antes de venir a trabajar, y así cualquiera aguanta toda la noche...
Y si nos ponemos a relatar una mañana de esas memorables, de las que cuando estás contando el relevo al compañero no sabes ni por donde empezar, de la cantidad de cosas que has llegado a hacer... Desde las tareas cotidianas propias de cualquier enfermera asistencial, hasta de telefonista, celadora, administrativa e informática (eso algunos más que otros).
Menos mal que de vez en cuando, muy de vez en cuando, tenemos algunos días tranquilitos, lo que llamamos una "epidemia de salud", y es cuando aprovechamos para sentarnos a charlar y cotillear un poco. Y se nos olvidan los días de no poder parar ni para tomarse un café. Y es que pasamos muchas horas juntos, y conocemos de qué pie cojea cada uno de nosotros, o al menos eso creemos. Si no fuera por esos momentos de buen rollo que tenemos de vez en cuando sería imposible trabajar en UCI. Ya que tenemos que trabajar tanto, por lo menos que nos llevemos bien, y lo hagamos a gusto...
Y mientras, en quirófano, se preparan las colchonetas para dormir, pues si no tienen ninguna urgencia, no tienen pacientes a los que atender, y, claro, para qué van a estar despiertos pudiendo dormir plácidamente. Hasta ahí de acuerdo. En lo que no estoy tan de acuerdo es que trabajando unos tanto (que salimos muchas veces que ni vemos del sueño que llevamos), y otros tan poco, a final de mes cobremos lo mismo. Deberíamos tener un contador de horas trabajadas, (es decir, de ojos abiertos), y de horas dormidas, y que al final de la noche las horas trabajadas pasaran a los encargados del pago de las nóminas. Claro que, dentro de la misma UCI, habría algunos que cobrarían muchísimo más que otros, pues hay quien se tira unas siestas de campeonato en casa antes de venir a trabajar, y así cualquiera aguanta toda la noche...
Y si nos ponemos a relatar una mañana de esas memorables, de las que cuando estás contando el relevo al compañero no sabes ni por donde empezar, de la cantidad de cosas que has llegado a hacer... Desde las tareas cotidianas propias de cualquier enfermera asistencial, hasta de telefonista, celadora, administrativa e informática (eso algunos más que otros).
Menos mal que de vez en cuando, muy de vez en cuando, tenemos algunos días tranquilitos, lo que llamamos una "epidemia de salud", y es cuando aprovechamos para sentarnos a charlar y cotillear un poco. Y se nos olvidan los días de no poder parar ni para tomarse un café. Y es que pasamos muchas horas juntos, y conocemos de qué pie cojea cada uno de nosotros, o al menos eso creemos. Si no fuera por esos momentos de buen rollo que tenemos de vez en cuando sería imposible trabajar en UCI. Ya que tenemos que trabajar tanto, por lo menos que nos llevemos bien, y lo hagamos a gusto...
miércoles, 31 de octubre de 2007
domingo, 30 de septiembre de 2007
El otro lado de la cama
Trabajar en una UCI desde hace años y encontrarse un día ingresada en una de sus camas -aunque sea la reservada a los recomendados normalmente-, son cosas muy distintas. Y eso es lo que me ha pasado a mí este verano, que menos mal que ya me había cogido mis vacaciones, y las disfruté como a mí me gusta, con un viajito al principio, y el resto del mes descansando en casa (aunque eso de descansar con dos diablillos rondando las veinticuatro horas del día es un decir).
Desde el punto de vista práctico es una suerte ingresar en un hospital donde se conoce a casi todo el mundo, pero a veces no te conocen, y por querer ser un once barra más, metes la pata hasta la cintura. Y hasta ahí la metí. En vez de ir directamente a la primera planta, donde se encuentra mi lugar de trabajo, entré por Urgencias, aún sabiendo las noticias de los tiempos de espera para ser atendido, y con la esperanza de que a mí no me va a pasar, que voy a entrar enseguida. Incrédula de mí. Allí me quedé en la sala de espera infinita, pues eso es lo que sentí durante la hora y pico que estuve esperando a ser vista por primera vez en consulta. Menos mal que de vez en cuando se me enciende la lucecita y decidí entrar y colarme para que me viera algún médico. Resulta que el médico que tenía que verme tenía la "hora materna" y se había ido sin ser sustituído (cosas del SAS). Después me vuelve a pasar lo mismo en la sala de tratamientos, donde me habían dejado olvidada con un suero con analgésicos. Allí estoy tres horas más, a la espera de una ecografía, hasta que se me vuelve a encender la luz y cojo el teléfono móvil para llamar a la UCI. No habían pasado ni cinco minutos cuando tenía allí a los dos médicos de guardia y a mis compañeras. Tenía que haberlo hecho mucho antes. En cuestión de una hora tenía hechas la ecografía, un TAC y me habían visto los especialistas que a partir de ese momento me tratarían, los ginecólogos. Quién me iba a decir a mí que por culpa de un problema ginecológico me vería ingresada en la UCI (menos mal que en la planta de Gine no había camas), y además en la 15, con los coronarios que por esas fechas estaban bastante tranquilitos...
Y a partir de ese momento al cuidado de mis compis, que debo decir que me trataron como a una reina (creo que no merezco menos), y a verlo todo desde el otro lado, que aunque trabajando una intente ponerse siempre en el lugar de los pacientes, hasta que no se vive en primera persona no se sabe lo que se siente. Desde los nervios de la primera noche sin poder pegar ojo, incluso con "chute" de tranxilium intravenoso, hasta la incomodidad de tener que ser aseada en la cama porque no te puedes levantar. Y la sensación de que no te informan bien (los médicos) de tu proceso, aunque para eso están los compañeros, para enseñarte la historia clínica cuando la pides, y así poder empaparse una de las analíticas, y de todo cuanto te van haciendo.
Por otra parte está la sensación de que, al no encontrar mejoría aún después de ser operada, todo se te viene abajo, cualquier cosa se te hace un mundo. Llega la lágrima fácil por lo más mínimo, hasta con las palabras de ánimo de todo el mundo al irme de Alta a casa. Llegado a este punto doy las gracias a todos mis compis, que durante mis diez días en la cama 15, me animaban con sus visitas y sus bromas, y las palabras tranqulizadoras de los que saben tranquilizar como nadie (ya sabrá cada uno a quienes me refiero), pues no todo el mundo tiene el don de escuchar y de ofrecer las palabras adecuadas.
De esta experiencia, que no me gustaría volver a repetir por mucho que se aprenda, he sacado vivencias que creo me servirán en el cuidado de mis pacientes, y el hecho de que lo escriba en este blog no es sino para que mis colegas también conozcan mis sensaciones además de como enfermera también como enferma, y que entre todos mejoremos la calidad de los cuidados que prestamos.
Desde el punto de vista práctico es una suerte ingresar en un hospital donde se conoce a casi todo el mundo, pero a veces no te conocen, y por querer ser un once barra más, metes la pata hasta la cintura. Y hasta ahí la metí. En vez de ir directamente a la primera planta, donde se encuentra mi lugar de trabajo, entré por Urgencias, aún sabiendo las noticias de los tiempos de espera para ser atendido, y con la esperanza de que a mí no me va a pasar, que voy a entrar enseguida. Incrédula de mí. Allí me quedé en la sala de espera infinita, pues eso es lo que sentí durante la hora y pico que estuve esperando a ser vista por primera vez en consulta. Menos mal que de vez en cuando se me enciende la lucecita y decidí entrar y colarme para que me viera algún médico. Resulta que el médico que tenía que verme tenía la "hora materna" y se había ido sin ser sustituído (cosas del SAS). Después me vuelve a pasar lo mismo en la sala de tratamientos, donde me habían dejado olvidada con un suero con analgésicos. Allí estoy tres horas más, a la espera de una ecografía, hasta que se me vuelve a encender la luz y cojo el teléfono móvil para llamar a la UCI. No habían pasado ni cinco minutos cuando tenía allí a los dos médicos de guardia y a mis compañeras. Tenía que haberlo hecho mucho antes. En cuestión de una hora tenía hechas la ecografía, un TAC y me habían visto los especialistas que a partir de ese momento me tratarían, los ginecólogos. Quién me iba a decir a mí que por culpa de un problema ginecológico me vería ingresada en la UCI (menos mal que en la planta de Gine no había camas), y además en la 15, con los coronarios que por esas fechas estaban bastante tranquilitos...
Y a partir de ese momento al cuidado de mis compis, que debo decir que me trataron como a una reina (creo que no merezco menos), y a verlo todo desde el otro lado, que aunque trabajando una intente ponerse siempre en el lugar de los pacientes, hasta que no se vive en primera persona no se sabe lo que se siente. Desde los nervios de la primera noche sin poder pegar ojo, incluso con "chute" de tranxilium intravenoso, hasta la incomodidad de tener que ser aseada en la cama porque no te puedes levantar. Y la sensación de que no te informan bien (los médicos) de tu proceso, aunque para eso están los compañeros, para enseñarte la historia clínica cuando la pides, y así poder empaparse una de las analíticas, y de todo cuanto te van haciendo.
Por otra parte está la sensación de que, al no encontrar mejoría aún después de ser operada, todo se te viene abajo, cualquier cosa se te hace un mundo. Llega la lágrima fácil por lo más mínimo, hasta con las palabras de ánimo de todo el mundo al irme de Alta a casa. Llegado a este punto doy las gracias a todos mis compis, que durante mis diez días en la cama 15, me animaban con sus visitas y sus bromas, y las palabras tranqulizadoras de los que saben tranquilizar como nadie (ya sabrá cada uno a quienes me refiero), pues no todo el mundo tiene el don de escuchar y de ofrecer las palabras adecuadas.
De esta experiencia, que no me gustaría volver a repetir por mucho que se aprenda, he sacado vivencias que creo me servirán en el cuidado de mis pacientes, y el hecho de que lo escriba en este blog no es sino para que mis colegas también conozcan mis sensaciones además de como enfermera también como enferma, y que entre todos mejoremos la calidad de los cuidados que prestamos.
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